Me enamoré de un fantasma II (relatos de la vida real)

Uno de los talentos de mi galán era la comunicación, así que como él sabia como usar la palabra hablada, sabía convencer, sabia ilusionar, sabía hacerme creer lo que él quisiera que yo creyera. Usó esa habilidad para hacer que lo esperara, por años. Mi canción figurativa era la de Penelope la mujer que se quedó esperando al hombre que amaba por tantos años que envejeció y cuando lo volvió a ver ambos estaban tan viejos que ya la mente de ella fallaba y la imagen que ella tenía y la idealización sobre él se habia deformado tanto con el tiempo, que ya lo veía como un extraño, ya nada podia darse entre ellos, fue una historia con un final muy triste. Al escuchar esa canción temía que me pudiera pasar lo mismo que a Penelope, pero mi ídolo me afirmaba una y otra vez que nuestra historia sería diferente, yo le creí, quise creerle, aunque a veces me invadían las dudas como lobos rodeando a su presa en una oscura noche sin luna. Seguía con la ilusión y la esperanza que un día él llegaría a pedir mi mano, y que estaríamos felíces por siempre como en los cuentos de Disney. Pasaron tantos años que me costaba deajrlo definitivamente, luego de haber invertido tanto en esa relación que en algún momento pareció de ensueño pero se había vuelto tortuosa. Porque las diferencias que teníamos y antes parecían fortalezas para la relación ahora se habian vuelto en nuestra contra. Rompimos tantas veces la unión, por estupideces, malos entendidos, cansancio, fastidios, luchas de poder, sin sabores y decepciones que un buen día después de pasar un poco más de un mes de estar separados nos dimos cuenta que aunque lo intentáramos ya de no había reparación. Es que yo me había enamorado de un hombre muy diferente, el que era todo un caballero, era alguien en quien podia confiar, alguien que me hubiera defendido con su vida, alguien que me brindaba la estabilidad que nunca había tenido. Pues no, mi amado ya no existía era sólo un fantasma, sólo yo me habia idealizado que él era de esa forma. Esa persona frente a mi era un extraño, en quien ya no podia confiar. El mismo que me había cuidado y protegido tanto ahora tenía mucho poder para hacerme daño y lo estaba usando, y como yo había empezado a amarme a mí misma, me decidí por mi, y elegí caminar sin él en defensa propia.

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